Por Yamith Antonio Torres y Andrés Esteban Marín.

De acuerdo con la antropogénesis al servicio de las ciencias, y con el deseo intimo al acto de comunicar, se ha demostrado que, a través de la historia, todo lo que se considera como actos comunicativos humanizados y hominizados es generado, precisamente, desde el génesis de la comunicación.

Para Manuel Martín Serrano (2011), “la hominización es la transformación de los ancestros primates en seres humanos y la humanización es la conversión de la naturaleza de la sociedad, según cultura”.

Martín Serrano indaga por la comunicación desde el enfoque biológico, genético y zoológico, a partir de una visión hominizada, lo cual le permite distinguir los procesos naturales de las especies, antes que cualquier indicio de cultura y, por su puesto, de los valores.

Esta distinción se puede establecer desde la interacción o la explicación con fines biológicos. La comunicación es el proceso extraordinario de la evolución para la comprensión de su naturaleza y no de la cultura. Es una necesidad de los agentes receptivos y estimuladores para asegurar su existencia, su supervivencia y su reproducción.

De manera que el enfoque humanizado de la comunicación pone al ser humano como el centro de la comunicación y, por su parte, el enfoque hominizado indica un descentramiento del hombre, ubicando la naturaleza en el centro de la comunicación y en toda su periferia incluye al hombre o, por lo menos, con las especies naturales como parte del entorno.

La comunicación, primero que la cultura

Para Martín Serrano (2011), “el objeto de estudio de las ciencias de la comunicación es de la naturaleza, es de la cultura”. Por esta razón, la comunicación cumple una necesidad biológica en las especies. “La comunicación llega a ser soporte de la cultura, pero no arranca con ella”, agrega el autor.

En tanto que la comunicación no es una consecuencia de la cultura, es una herencia selectiva, es una capacidad inherente al ser. De manera que se evidencia al mirar los orígenes de la comunicación: cuando no había cultura ni sociedad, ni valores. (Martín Serrano, 2011).

Entre otros detalles, dice Martín Serrano (2011) que la aparición de los comunicantes es un extraordinario resultado de la evolución, porque la capacidad de comunicar no hubiese sido posible sino se hubiere dado las sucesivas transformaciones de los organismos y de los comportamientos.

Por lo tanto, los comunicantes entre las especies tuvieron la necesidad de usar las señales en la interacción con los usos informativos y los usos indicativos antes que  construir cultura, constituirse y organizarse en sociedades y mucho antes que imprimir conductas axiológicas.

“La teoría de la comunicación le hace un lugar a las leyes evolutivas para entender la cultura; y las constricciones de la cultura para entender la evolución”, menciona Martín Serrano (2007).

Desde esta perspectiva, queda muy claro que la mediación de los usos comunicativos de la información es el puente de conexión entre la evolución y la cultura.

Usos precomunicativos; usos informativos

Cuando se da lugar a la competencia informativa entre los agentes que intervienen en la interacción comunicativa, los usos precomunicativos se convierten en usos informativos en el proceso de construcción de la comunicación.

En otras palabras,  los cambios evolutivos muestran de los sucesivos pasos de la interacción entre las especies; comportamientos comunicativos que se constituyen en señales informativas e implicativas, de manera que cuando la interacción entre sus agentes estimuladores y receptivos llegan hacer usos interactivos de la información y estos a su vez evidencian señales significativas entre sus agentes;  es cuando se hace tránsito para el uso informativo en el proceso de construcción de la comunicación, en tanto que esos agentes receptivos y estimuladores de las señales van constituyéndose en comunicantes.

Por ejemplo, Martín Serrano (2007) expresa que “los machos de los peces espinosos (R) reconocen como señal significativa una marca roja que tienen los otros machos (E) cuando compiten por el territorio y las hembras”.

Según CF. Lorenz (1970), la aplicación que llevan a cabo los machos, les llevan a identificar como machos competidores, a cualquier otro pez o señuelo en el que distingan las marcas que para ellos tengan el mismo valor informativo.

Desde esta perspectiva, las señales informativas e indicativas dan paso al uso informativo porque entre los agentes hay una interacción mediante señales significativas que tiene sentido y significado para ellos”.

Referencias:

MARTÍN SERRANO, M. (2007): Teoría de la Comunicación. La comunicación la vida y la sociedad. Madrid: McGraw-Hill.

MARTÍN SERRANO, M. (2011c): “Publicaciones de Manuel Martín Serrano sobre los comportamientos”, E-prints Complutense. Disponible en http://eprints.ucm.es/13288  Consultado el 15 de agosto de 2013.