Sector El Oasis, Medellín - Colombia. Foto: Andrés Esteban Marín © / 2015.
Sector El Oasis, Medellín – Colombia. Foto: Andrés Esteban Marín © / 2015.

Situación-problema

TECHO es una organización no gubernamental fundada en Chile, en 1997, inicialmente con el nombre de “Un techo para mi país”, con el propósito de construir viviendas de emergencia a bajo costo, a familias en situación de extrema pobreza o vulnerables por afectaciones causadas por fenómenos naturales. En la actualidad, sus actividades se desarrollan en 19 países de América Latina.

A través de alianzas socio-técnicas, la ONG es la encargada de construir y proveer estas viviendas bajo el formato de mediaguas, unidades habitacionales de emergencia de tres por seis metros, en asentamientos informales (Bidinost, 2016).

La primera experiencia de “Un techo para mi país” en Colombia fue en 2006, cuando jóvenes voluntarios construyeron las primeras viviendas en Altos de Cazucá, entre los límites del municipio de Soacha (Cundinamarca) y la localidad de Ciudad Bolívar (Bogotá). Posteriormente se implementaron mesas de trabajo para identificar los mayores problemas de los habitantes de las zonas de la periferia de las principales ciudades del país (Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla), por lo que se buscaba afianzar la presencia en el territorio a través de la instalación de oficinas propias.

En Medellín, las condiciones sociales y políticas permitían identificar dinámicas complejas, las cuales estaban permeadas por el desplazamiento forzado fruto de situaciones del conflicto armado.

Con la situación de pandemia generada por el Covid-19, en 2020 TECHO Colombia replanteó su trabajo con la comunidad y la reorientó para ayudar no solo con la construcción de viviendas de emergencia, sino en la entrega de kits alimentarios y en la adecuación de espacios multipropósitos.

La pandemia golpeó día a día a la población que no puede quedarse en casa, porque la vivienda no tiene las condiciones para ser un refugio de cuarentena, también donde el hacinamiento es un impedimento para la distancia física establecida y la simpleza de un lavado de manos se hizo imposible por la carencia de condiciones de saneamiento. (TECHO, 2020)

Por lo tanto, TECHO Colombia se adaptó a la emergencia sanitaria. Así se creó la campaña Construyo país desde casa en la cual se entregaron, en diversas comunidades del territorio nacional, 59.273 kits de alimentos, 40 computadores y 69 paquetes con materiales escolares a niños y adolescentes. Esto se logró con el aporte de ciudadanos y de distintos aliados.

Asimismo, se construyeron cuatro módulos de baños comunitarios, cinco unifamiliares, un puesto de salud e inicio del proyecto de desagüe comunitario (TECHO, 2020). Por su parte, el voluntariado participó en encuentros académicos por medio de las herramientas de mediación virtual, como los efectuados en un diplomado de índole académico.

Breve descripción

La construcción del problema-solución de TECHO se identifica desde las tecnologías artefactuales (las mediaguas), de procesos (modelo de trabajo) y de organización (contratos y financiamientos), las cuales permiten evidenciar, de manera sistémica, el funcionamiento y no funcionamiento de la implementación de las mediaguas.

A través de alianzas socio-técnicas producen las viviendas a bajo costo, se apoyan de jóvenes voluntarios (encuestas a las familias, construcción de la mediagua y jornadas de recolección de dinero) y gestionan las donaciones que empresas y ciudadanos entregan a la entidad para llevar o mejorar la calidad de vida a las familias beneficiadas.

Falacias identificadas

La primera falacia identificada es la artefactual. Al construir una vivienda en un asentamiento informal, la propiedad de los terrenos no corresponde a los beneficiados y tampoco cuentan con vías de acceso. Esto conlleva a que se levanten las casas sin tener en cuenta los códigos urbanísticos.

Igualmente, al no contar con los lineamientos mínimos requeridos para la gestión territorial, las viviendas no tienen conexión a las redes de agua potable, de energía eléctrica y gas natural, que garanticen el mínimo vital para las familias que allí habitan, tampoco desagües conectados al alcantarillado para el tratamiento de las aguas residuales.

Por su parte, el material con el cual están fabricadas las mediaguas no es el apropiado. Tiene una vida útil aproximadamente de cinco años. Se comprime o se expande, según el clima y humedad externa, lo que afecta las condiciones de temperatura al interior de la vivienda. También presenta alto riesgo de incendio, porque el material con la cual están fabricadas es inflamable. Además, las mediaguas no se pueden reformar ni ampliar. Tampoco cuentan con cocina ni baño, espacios necesarios para el mejoramiento de la calidad de vida de las personas.

Otra falacia artefactual observada es el instrumento de la encuesta. Se utiliza para identificar a las familias beneficiadas para la construcción de la mediagua. Sin embargo, las preguntas no están diseñadas para conocer las reales necesidades sino para saber quiénes se adaptan al modelo de vivienda que TECHO construye.

Además, los voluntarios que realizan las encuestas no participan en la toma de decisiones. Por lo tanto, se observa una fuerte exclusión social.

También se identifica la falacia de “soluciones apropiadas”. El hecho de producir las viviendas de emergencia a bajo costo para familias con bajo recursos económicos no soluciona las reales necesidades, antes potencializa otras problemáticas sociales y ambientales que agudizan su situación. No existe una solución definitiva, antes construye exclusión social.

De esta misma manera, la falacia de transferencia, difusión y extensión también se identifica en el problema-solución de TECHO. Aunque existe una mesa de trabajo en el proceso para la implementación de las mediaguas, no existe una apropiación del conocimiento.

Quienes construyen las viviendas son voluntarios sin experiencia. Solo acuden con clavos y martillos, pero no se involucran con la comunidad, sin reconocer sus realidades para una adecuada transferencia de conocimiento o viceversa.

Déficit en la planificación

Se evidencia un esfuerzo organizacional para obtener donaciones en especie como en dinero, mejorar la imagen institucional de TECHO, conseguir recursos humanos (voluntarios) y su alcance geográfico. No obstante, se identifican déficit de planeación en el modelo de trabajo que conlleva a la exclusión social.

Replicar el mismo modelo en diferentes regiones lleva a desconocer los contextos, normativas y reales necesidades de cada comunidad. Esto es un error, por lo que se observa una ausencia del ciclo completo de planificación.

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No se tiene en cuenta la solución como un sistema. Por ejemplo, la iluminación interna de las mediaguas puede causar dificultades a sus moradores. Asimismo, no existe un diseño de intervención puntual. Las viviendas son las mismas para todas las familias, sin importar su territorio y sus necesidades puntuales.

No se detallan soluciones para otros problemas identificados, como posibles inundaciones, dificultades causadas por afectaciones respiratorias u otros problemas que afecten la salud de los habitantes.

En el plan de trabajo, TECHO realiza una mesa en la cual participan integrantes de las familias beneficiadas para conocer nuevas problemáticas, pero no se detalla un diseño de intervenciones lineales para encontrar las posibles soluciones.

El diseño centrado en la provisión de artefactos tampoco se evidencia en la planificación. Las vías de acceso a los asentamientos no se tenían presentes como elemento de desarrollo. Tampoco los lineamientos de gestión y urbanización de cada región.

Por su parte, existe ausencia en el diseño del “día después”. No hay soluciones definitivas, como se dijo anteriormente, pero tampoco retroalimentación permanente de beneficiarios, voluntarios y directores responsables de la gestión de TECHO.

Otra de las ausencias en la planeación es en los mecanismos de aprendizaje desde el diseño de la iniciativa o la política pública. No existe gestión del conocimiento. Los voluntarios solo son un instrumento para una tarea específica y no participan en la toma de decisiones, tampoco en la transferencia de experiencias.

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Características identificadas en la definición de problemas

Es claro que existe un problema “universal”, el de la falta de vivienda digna. Sin embargo, se debe tener en cuenta los contextos y la historia de quienes están en los territorios. Si no es así, la solución no funciona. Esto también encausa a la construcción por sentido común. Es obvio que las personas de bajos recursos necesitan un techo, pero, más que eso, se debe tratar sistémicamente. Lo superficial no suele ser la solución, existen otros elementos que se deben tener presentes.

Otro de los problemas observados es la falta de consolidación de experiencias y su debida documentación. Se trata de la construcción de problemas como si “fuéramos los primeros”. Es desconocer la historia y las experiencias previas de las comunidades.

Asimismo, la invisibilización de los saberes y capacidades locales y ancestrales, puesto que la encuesta realizada y las mesas de trabajo no permiten que las viviendas se construyan o los espacios intervenidos estén constituidos por las creencias, ideologías, procedencias y culturas de las poblaciones.

Es posible que la solución no sea la mediagua, sino otro tipo de vivienda de emergencia, con elementos propios del entorno. Si esto no se tiene presente, también se podría hablar de la presencia de otras falacias.

Alianzas socio-técnicas propuestas y mejoradas

Alianzas socio-técnicas propuestas
Gráfica 1 – Elaboración propia. Alianzas socio-técnicas del sistema de tecnología social propuesto.

Situación-objetivo

Las alianzas socio-técnicas propuestas corresponden al contexto de Medellín, Colombia, en el marco de la reactivación económica por la pandemia del Covid-19. TECHO Colombia es el punto de partida, donde se despliega la tecnología artefactual, de procesos y organizacional, en las cuales se encuentra la construcción de las viviendas progresivas, la formación de gestores sociales (anteriormente denominado voluntariado) y la gestión de las donaciones.

A comparación del modelo de mediaguas tradicional, el cual es implementado en la región con los mismos planos, en este caso se propone la construcción de viviendas progresivas. No se trata de casas de emergencia, sino de módulos habitacionales que faciliten la permanencia, según las necesidades particulares de cada familia, que mitiguen problemáticas posteriores o que genere exclusión social.

Para tal fin, se deberá crear alianzas con el gobierno local para identificar los asentamientos de la ciudad y planificar la intervención de estos: legalización de los predios y acceso a las redes de servicios públicos (agua potable, energía eléctrica, alcantarillado, recolección de residuos y gas natural), conforme al Plan de Ordenamiento Territorial, POT.

Otro de los actores clave es la empresa privada, los cuales suministrarán los materiales necesarios para la construcción de las viviendas. No necesariamente se trata de madera, puede ser de PVC, botellas recicladas o cualquier otro material que no pierda sus propiedades, que no sean altamente inflamables y que duren en el tiempo, según el relieve, temperatura, humedad, los vientos o condiciones geográficas donde se encuentran los asentamientos, así como su diseño.

No es lo mismo una casa cerca del río Medellín que una en las colinas de la ciudad. La primera es propicia a las inundaciones y la segunda, a los deslizamientos o desplazamientos del terreno. No es necesario que sean a bajo costo, sino que garanticen la calidad de vida de quienes la estén habitando.

Asimismo, tanto el gobierno local como las empresas privadas son aliados permanentes para llevar infraestructura que permita la conectividad a internet, vías de acceso y centros para la educación. También el talento humano para su implementación. Es así como se deben crear espacios de carácter comunitario para fortalecer procesos de empoderamiento, a través de talleres formativos orientados a los beneficiados de las viviendas.

No solo es la solución de un techo digno, se trata de un conjunto de actividades que mejoren la calidad de vida, por lo que se implementarán talleres de emprendimiento, liderazgo y ciudadanía.

El fortalecimiento de los valores también hace parte de los procesos formativos. Históricamente, los asentamientos en la ciudad y en sus alrededores corresponde a campesinos desplazados de sus territorios, la mayoría por situaciones de violencia. Otros de manera intraurbana, quienes tuvieron que irse de sus barrios por dificultades con grupos al margen de la ley.

Actualmente, Medellín se ha convertido en un lugar para los inmigrantes, ya sea de tránsito o que se radican en búsqueda de un mejor futuro. Esto agudizó los altos índices de xenofobia que se presentan en la ciudad. Allí la importancia del espacio para la formación de valores en cada lugar intervenido por TECHO y sus aliados estratégicos.

La formación también deberá estar enfocada en los procesos de emprendimiento. Uno de los proyectos comunitarios para destacar es la implementación de huertas para el autoabastecimiento de las familias que comprenden los asentamientos. Los productos cosechados (tomate, cebolla, cilantro, lechuga, perejil y albaca, entre otras hortalizas y verduras que pueden cultivarse a menor escala en la región), también podrían ser ofrecidos en mercados locales como forma de ingreso económico para la comunidad.

Otra de las formas de ingreso son los bonos (beneficios) económicos que entrega el gobierno nacional a familias de bajos recursos o extrema pobreza, quienes también brindan capacitaciones en procesos productivos. Por lo tanto, el gobierno y las universidades serían las encargadas de apoyar el proceso formativo.

Y son, precisamente, las universidades que tendrán un doble rol, el de vincular a jóvenes estudiantes para la formación de gestores sociales. No se trata de reclutar voluntarios, sino de formar gestores en todo el sentido de la palabra para la identificación de las reales necesidades de las comunidades y de las familias que allí habitan, según los contextos sociales, culturales y políticos.

Asimismo, que permitan descubrir las procedencias, creencias y orígenes, entre otros elementos determinantes para un intercambio de saberes y experiencias. Aceptar los antecedentes hace parte de una construcción colectiva para el funcionamiento de las soluciones.

La retroalimentación e interacción permanente entre voluntarios y beneficiarios permite una participación activa de ambas partes en mesas de trabajo, lo cual facilita la apropiación del conocimiento.

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Por su parte, las donaciones también podrían recaudarse a través de plataformas digitales. Comprendiendo las dinámicas generadas por el Covid-19 y para evitar el contacto con dineros o, simplemente, exponer a contagios a los gestores sociales en la recolección de manera tradicional, se implementarán herramientas virtuales que faciliten el recaudo de las donaciones de cualquier ciudadano dispuesto a ayudar.

Vale mencionar la importancia de gestionar una campaña a través de las redes sociales y medios digitales de las empresas aliadas para la divulgación y comunicación.

Sentido del Sistema Tecnológico Social propuesto

La reestructuración está determinada por la producción de las viviendas progresivas para su uso a largo plazo. No se trata solo de una solución artefactual. Es, más bien, un sistema que sobrepone a los intereses comunes de los particulares.

Lo comunitario y lo cooperativo es la apuesta para el problema-solución que, desde los contextos y situaciones propias de las comunidades, se convierte en la posibilidad para los usuarios finales, gestores sociales y equipo de trabajo vinculado activamente al proceso.

Los espacios comunitarios para el intercambio de saberes y experiencias, la identificación de las reales necesidades de los participantes y descubrir las situaciones sociales y culturales de los moradores, permiten crear alianzas socio-técnicas que conlleve a darle un enfoque público. Es decir, aunque existen actores privados, las dinámicas son expresiones para el mejoramiento de las condiciones de vida, conforme a los derechos fundamentales como la salud, la educación, el trabajo, el acceso al mínimo vital de servicios públicos, la alimentación y la recreación, entre otros.

Por su parte, la socialización también podría verse como ese cambio de control ejercido por actores de poder o de agencia, como las instituciones gubernamentales o aquellos grupos que se apoderan del territorio con un fin económico o político, a veces de manera ilegal, a la democratización que, de una u otra forma, repercute positivamente en la toma de decisiones para los habitantes de la zona intervenida.

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Es, precisamente, cuando el concepto de ciudadanía toma mayor importancia, tanto en derechos como en deberes. Las discusiones permanentes y las interacciones positivas con actores en el territorio fortalecen las dinámicas socio-técnicas. Es imposible no observar el uso de la vivienda progresiva sin identificar la posible colaboración de las diversas familias que allí habitan, con el fin de fomentar la participación en cada uno de los procesos, el intercambio de saberes, el reconocimiento de las experiencias vividas y la movilización ciudadana.

El factor clave es la apropiación del conocimiento. Con actividades formativas inicia el proceso orientado para el empoderamiento de las comunidades. Esto se realiza con ciclos de talleres de emprendimiento, los cuales involucra a toda la comunidad.  No solo son expertos que participan en metodologías de transferencia de conocimiento, también lo hacen los moradores para el aprovechamiento de cada experiencia y saber ancestral.

El proyecto comunitario de las huertas para el autoabastecimiento comprende dicho enfoque, igualmente el de las mesas de trabajo donde participan los gestores sociales de TECHO, quienes, a través del descubrimiento de la cultura propia de cada comunidad, reconocen y aceptan sus saberes, creencias, procedencias y conocimiento empírico para construir no solo las viviendas sino disponer de dinámicas diferenciales con respecto a otras comunidades.

Esto hace que los voluntarios también participen activamente en la toma de decisiones y adquieran experiencias que permitan orientar, acompañar o asesorar en proyectos futuros.

Grados, niveles, aspectos y dinámicas

La dinámica socio-técnica propuesta permite la igualación de derechos. No solo es garantizar una vivienda, también la educación, la salud, el acceso a servicios públicos, al trabajo digno, a la movilización, a la equidad y a la recreación, entre otros, a través de la articulación de procesos, alianzas y aspectos que, desde un funcionamiento sistémico, garanticen el cumplimiento de los derechos fundamentales.

Co-construir espacios que brinden oportunidades de aprendizaje permanente, tanto de las comunidades como de los gestores sociales que participan en los procesos. Acercar la escuela a los niños y jóvenes es generar espacios para la igualación de derechos, por lo que se trata de consolidar infraestructura y talento humano para la formación de la comunidad. Asimismo, la construcción de puestos de salud para la atención de la población impactada.

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Por su parte, la dignificación de las condiciones de existencia humana está determinada por el acceso a redes de servicios públicos. Garantizar el mínimo vital en agua potable, energía eléctrica, gas natural e internet es fundamental para el desarrollo de las comunidades.

La dignificación también se evidencia en la adecuación de las redes de alcantarillado y de pozos sépticos. Estos aspectos conllevan al mejoramiento del diseño de las viviendas, que contemplen iluminación interna, baños, cocina y, por ende, desagües que conecten a la red de alcantarillado.

Igualmente, las adecuaciones de las vías de acceso ayudan con la movilidad de los pobladores, la recolección de residuos sólidos y la salida e ingreso de productos, con la pavimentación de las calles, el diseño accesible de las veredas (andenes) y el alumbrado público sostenible.

De la misma forma se crean espacios para el fomento del arte, la cultura y la recreación, a través del fortalecimiento del concepto de ciudadanía en toda su expresión. Los procesos que allí se llevan a cabo son dinámicos y posibilitan la generación de nuevos espacios de libertad. Es permitir herramientas integradas a la vida, para que los ciudadanos tomen decisiones, participen y sean actores políticos.

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De esta misma forma, al enfocarse a los implementos de proyectos comunitarios relacionados con procesos formativos, de emprendimiento y de liderazgo, los integrantes de las comunidades asumen un rol de criticidad, exploración e identidad, lo cual les permite un libre desarrollo de su personalidad, pero en búsqueda permanente de un bien común.

Todas estas acciones repercuten en la mejora de la calidad de vida, lo mismo que el diseño y la construcción de las viviendas, según las necesidades de las familias que allí habitan y de los contextos sociales y culturales. También oportunidades para los gestores sociales.

Modificaciones que se realizaron a la situación-problema

Las modificaciones destacadas que se realizaron a la situación-problema, con el propósito de corregir o minimizar las falacias y los problemas de conceptualización y de diseño están determinadas por lo siguiente:

Corregir la falacia artefactual. Al construir una vivienda bajo el enfoque de progresividad, no se trata de una casa de emergencia. Es la manera de modificarla o mejorarla, según las necesidades particulares, por medio de módulos habitacionales que faciliten la permanencia y mejoren la calidad de vida de las familias que allí habitan. Es decir, que se puedan reformar o ampliar, como implementar baños, cocinas o mecanismos para la iluminación interna.

Igualmente, con alianzas con empresas públicas y privadas posibilita ubicar o reubicar, según sea el caso, a las familias en terrenos legales y que cumplan con los lineamientos de gestión territorial.

De esta misma forma, gestionar infraestructura para la construcción de vías de acceso, redes de agua potable, de energía eléctrica y de gas natural, que garanticen el mínimo vital, al igual que redes de desagües, conectadas al alcantarillado para el tratamiento de las aguas residuales. El alumbrado público también es corregido con esta modificación.

Otro elemento que permite corregir esta falacia es la construcción de las viviendas progresivas con materiales adecuados, según las particularidades del terreno (clima, humedad, factores del relieve o vientos, entre muchos otros), pero que sean apropiados y que cumplan con la calidad y la durabilidad, para prolongar la vida útil de la morada. También es mitigar los riesgos de incendios.

Otra falacia artefactual que se corrige es el de la encuesta. En este caso, el instrumento es otro. Los gestores sociales en el territorio serán quienes identifiquen las reales necesidades y, a través de grupos focales y etnografía, interaccionen con las familias y conozcan los contextos de los asentamientos, muchos de ellos cambiantes por las migraciones que se presentan dentro de la ciudad. También es permitirles a los gestores sociales (anteriormente voluntarios) que sean partícipes en la toma de decisiones.

Por su parte, la falacia de “soluciones apropiadas” también se minimiza. En la propuesta no está contemplado la de producir las viviendas progresivas a bajo costo, necesariamente. Se hará de tal manera que no potencialice otras problemáticas sociales y ambientales. Los nuevos materiales son amigables con el medioambiente y cumplen con los requerimientos de salud y de dignificación humana.

Asimismo, la falacia de transferencia, difusión y extensión también se corrige. Es permitir que en la mesa de trabajo sea un espacio para la retroalimentación de saberes y de experiencias, en la cual los actores participen activamente y se apropien del conocimiento. Este es un momento que es trasversal a todos los procesos en la implementación de las viviendas progresivas.

Esta propuesta trata de mitigar las exclusiones sociales identificadas en el problema-solución. Por esta razón, se corrige la planificación bajo un enfoque situacional. No es replicar los modelos de otras regiones, es reconocer los contextos y normatividades de cada comunidad impactada, esto comprende desde las creencias, la cultura y la economía, pero, también, con los entornos medioambientales.

Lo anterior está relacionado con no tratar el problema-solución como “universal”. Es tener en cuenta los contextos y la historia de quienes están en los territorios, con sus saberes ancestrales y capacidades locales. Esto, a su vez, corrige el problema de enfrentar las situaciones como si “fuéramos los primeros”.

Mecanismos que se introducen en la situación-objetivo para implementar un sistema de toma de decisiones

Los mecanismos destacados que se introducen en la situación-objeto están determinados por la construcción de las viviendas progresivas. La cuestión de modificar el concepto de la vivienda tradicional (mediagua) implica que siempre se esté revaluando y ajustando para la mejora del hábitat.

Son momentos que constituyen toma de decisiones permanentes, es volver sobre lo implementado y a las realidades dinámicas para reevaluarlos en términos de funcionamiento/no funcionamiento (inclusión/exclusión social). Además, las alianzas socio-técnicas diseñadas vinculan a los usuarios finales en procesos de formación, liderazgo, empoderamiento y apropiación de proyectos comunitarios.

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Es importante mencionar que, cuando se hace referencia a los usuarios finales, se involucran tanto a los miembros de las familias beneficiadas como a los gestores sociales. Esto crea espacios de libertad para la toma de decisiones.

Este mecanismo que se introduce en la situación-objeto involucra a los actores y grupos sociales clave y genera dinámicas de interacción, participación activa y retroalimentación permanente de los saberes y de las experiencias, donde todos aportan a la identificación de problemas y en la construcción de posibles soluciones, conforme a su cultura, creencias y procedencias.

Cada actor se vincula pensando en un bien común, más que en el aprovechamiento de las situaciones para un bien particular.

Otro mecanismo que se introduce es el de los gestores sociales. Ya no son simples voluntarios, son personas que están activamente dentro del territorio conociendo, de primera mano, las reales necesidades de las comunidades.

De igual manera, son el vínculo directo entre el personal directivo de TECHO y las familias beneficiadas. Los gestores sociales también participan en las mesas de trabajo, con posibilidad de toma de decisiones. Es implementar métodos de gestión del conocimiento.

Aunque se propone una digitalización para el recaudo de las donaciones, este proceso requiere de la vinculación de empresas públicas y privadas. Cada momento demanda revisiones permanentes, tanto en la forma como en el fondo, según las dinámicas que se establezcan conforme a las realidades cambiantes.

Asimismo, en la manera de la producción de los materiales con los que se levantan las viviendas progresivas y la infraestructura requerida. Esto, sin duda alguna, involucra a los directivos de la institución, a las empresas vinculadas y a los gestores sociales para la toma de decisiones.

El sistema tecnológico social propuesto involucra dimensiones culturales, sociales, ambientales, económicas y políticas, por lo cual es dinámico. Son diversas las realidades de las comunidades que encausan, de una u otra forma, discusiones, opiniones, reconocimientos ancestrales, aceptaciones a las diferencias como forma de intercambio de ideas para la resolución de conflictos y el diálogo permanente para el descubrimiento de los contextos.

La participación y movilización ciudadana hacen parte de este momento para facilitar la toma de decisiones.

Referencias de contexto

  • Bidinost, A. (2016). Estrategias y dinámicas de inclusión/exclusión social. Análisis socio-técnico de las prácticas de diseño implementación y gestión de TECHO en Argentina. Quilmes: Universidad Nacional de Quilmes.
  • (2020). TECHO. Obtenido de Rendición de Cuentas TECHO Colombia: https://drive.google.com/file/d/10f3bos7-p7byxldQMiupZv4w1RKDMV1R/view

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