La virtualidad reconfigura nuevos escenarios de opinión pública

La comunicación se encuentra en un momento de transformación. Es claro que, con el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC, se está pasando de los formatos análogos a los digitales. También las miradas, los enfoques y los pensamientos se encuentran en constante evolución.

Estos cambios no son ajenos a la comunicación pública y política. Las organizaciones están transmitiendo una gran cantidad de información por medio de las redes sociales virtuales, las cuales permiten la optimización de las herramientas digitales y la democratización de contenidos al servicio de la ciudadanía.

Sin embargo, la comunicación necesita pensarse de manera divergente, que permita construir estrategias que integre y reconozca al ciudadano desde la diferencia.

Por tanto, la masificación y proliferación de las redes sociales (se hace énfasis al mundo digital, ya que el concepto de redes sociales siempre ha estado presente en los procesos evolutivos de las especies y sus necesidades de supervivencia, como lo detalla Martín Serrano (2007) en el libro Teoría de la Comunicación. La comunicación, la vida y la sociedad), como herramienta de interacción de los ciudadanos, ha permitido la creación de nuevos escenarios de diálogo, de participación y de encuentro ciudadano.

En estos lugares se reflexiona, se discute, se gestiona conocimiento y se convoca a movilizaciones que buscan un bien común.

Con la virtualidad, se popularizó el concepto de red social. Como lo dice Velasco (2008), “durante nuestra vida formamos relaciones con personas que a su vez se relacionan con otros a quiénes no conocemos. Estos vínculos van formando nuestra red social”.

Así es, las redes de encuentro virtual se han convertido en escenarios importantes para la participación ciudadana, donde las personas opinan, denuncian, aportan, construyen o, por necesidad, quieren ser escuchadas para la posible resolución de sus conflictos o problemas.

Para Habermas (Boladeras, 2001), quien vincula la dinámica del mundo simbólico a la interacción comunicativa, entendida desde la opinión pública, manifiesta que el espacio público es el lugar de surgimiento de la opinión pública, donde hay inclusión, igualdad y apertura de los ciudadanos.

Igualmente, para el filósofo alemán, la opinión pública se encuentra estrechamente relacionada con el poder y los procesos políticos.

Ahora los ciudadanos, gracias a la evolución de la Web 3.0, dejaron de ser pasivos a estar activos en procesos que los inquieten. A dicha dinámica Castells (2012) y Piscitelli (2014) la señalan como la promotora de la Primavera Árabe, revolución y cambios sociales que se presentaron, en 2011, en Libia, Túnez y Egipto, norte de África.

Lo anterior es explicado por Chavarría (2012), para quien “las redes sociales se han visto fortalecidas en buena parte por la crisis (…) otra de las ventajas de las redes es su capacidad de propagación de la información y las ideas de manera inmediata”.

Por su parte, Habermas confirma en que la “discusión pública es la única forma de superar los conflictos sociales”, ya que en sus espacios surgen las ideas y los debates comunes a los ciudadanos para un bien colectivo.

Su función principal radica en poder albergar una verdadera discusión heterogénea y simultáneamente accesible para todas las perspectivas”, agrega el autor.

Según Tagua (2011), “las nuevas tecnologías no sólo constituyen un conjunto de herramientas sino un entorno -un espacio, un ciberespacio- en el cual se producen interacciones humanas”.

El uso de las redes sociales ha fortalecido iniciativas sociales y la divulgación de tendencias en el individuo participante y dialogante.

En ese mismos sentido, Vaquerizo, Renedo y Valero (2009) coinciden que la web social “da lugar a que el sujeto, usuario de sus recursos, pueda alcanzar estos saberes, la red social da lugar a una transformación (…) donde la clave no es la tecnología en sí sino los nuevos modos de relación entre estas nuevas experiencias y los modos de comunicar, la conexión entre las nuevas interacciones y la potencialidad de lo social”.

Esto se aprecia, como lo indica Tagua, que la internet social es un lugar de encuentro, donde se “dan interacciones que combinan y entrecruzan las actividades de indagación, comunicación, construcción y expresión”. La esencia de la red es lo social, lo colaborativo.

Esta definición permite comprender, como lo afirma García (2007), que la web social es de esencia interactiva, de aprendizaje colectivo, multidireccional y libre en la difusión. Los individuos van construyendo la propia web y, como consecuencia, el conocimiento.

Construcción permanente de ciudadanía

La dinámica de la red se puede ejemplificar con la cercanía de la familia o los compañeros de trabajo o de estudio que, a su vez, se pueden organizar entorno a intereses o gustos comunes.

Velasco (2008) manifiesta que el valor de las redes sociales radica en la construcción de la confianza, pues permite contactar a personas que de otra manera no se podría.

Velasco también señala que las formas actuales “permiten a las personas fortalecer sus redes sociales”, pues, éstas, afianzan el aprendizaje colaborativo porque existe un intercambio permanente de experiencias.

García (2009), periodista española, afirma que el aprendizaje en las redes sociales se logra solo si existe motivación, pensamiento crítico, compresión de los mensajes y creación de contenidos, momentos que entregan la posibilidad de interacción, cocreación y retroalimentación.

Los espacios virtuales de participación son comparados por Restrepo (1999) con una plaza de mercado, ya que existe gran variedad de productos y servicios. El ciberespacio es tratado desde lo público porque:

La idea de lo público es propia de lo que es común, lo que nos pertenece a todos, lo que es de interés general. Lo público es lo visible, lo manifiesto, lo accesible. Lo público es lo colectivo, entendido como interés o de utilidad común. Nada más cercano, incluso, al concepto de comunicación si la entendemos como la acción de poner en común. Y es que, en este sentido, lo público y la comunicación cruzan caminos, tal como también cruzan caminos lo político, lo público y la comunicación. En este orden de ideas, tanto lo público como la comunicación y lo político buscar darse cuenta de la interacción entre diferentes actores: el compartir escenas les es común; es más, y sin duda, es preciso afirmar que toda la comunicación política es pública por esencia. (Botero, 2006)

Este mismo panorama lo describe Lozada (2011), pero en el contexto de las redes sociales. Denomina al ciberespacio como un “espacio público, reconociéndolo como el lugar de las mediaciones y manipulaciones mediáticas e informáticas”. Igualmente, exalta sus virtudes globales: “confiabilidad, transparencia, igualdad y libertad”.

Para Habermas, en el espacio público la opinión pública se construye, se manipula, se deforma y tiene lugar la cohesión social. Asimismo se preocupa por el momento actual del concepto de ciudadanía, donde expresa que la diferencia entre lo público y lo privado se ha diluido por la noción de intimidad, el capital y la publicidad regulada y manipuladora, hasta el punto de afirmar que “la dinámica social que vivimos tiene rasgos de Refeudalización de la sociedad” (Boladeras, 2001).

Según Botero (2006), “el sentido de lo público representa no solo el orden de lo social, sino también la configuración de lo ideológico por el interés general”. Asimismo, para Lozano, los espacios públicos democráticos se constituyen así en esferas de sentido, en formas de comunicación”.

Nunca en la historia de la política se podía participar como lo podemos hacer hoy en día, nunca antes en la historia de nuestra humanidad teníamos la posibilidad de enterarnos en tiempo real de las cosas que suceden en cualquier parte del mundo y nunca antes como hoy teníamos la opción de expresarnos de manera individual o conjunta sobre los hechos que más nos conciernen o afectan. Hoy en día se puede hacer a través de las redes. (Urrea, 2012)

Los ciudadanos ahora participan activamente, se expresan con libertad y, a su vez, han fundado nuevas reglas de participación.

Las condiciones ya no son las mismas: el poder ya no está en los gobernantes, está en los individuos y la posibilidad de la construcción colectiva de políticas.

“Los paradigmas han cambiado y las transformaciones en la acción política no se han hecho esperar. Las democracias pueden ser más participativas y menos representativas…” (Urrea, 2012).

Así, pues, los ciudadanos utilizan las herramientas que tiene a su alcance. Por medio de textos, imágenes, audios y vídeos se contextualiza desde diferentes perspectivas, favorece a los debates, al discurso propio, genera conocimiento, posibilita la libre formación de opinión y voluntad común, tal y como lo propone Habermas con su Modelo de Política Deliberativa (Boladeras, 2001).

Referencias

  • Boladeras, M. (2001). La opinión pública en Habermas. Análisis, 51-70. Botero Montoya, L. H. (2006). Comunicación Pública, Comunicación Política y
  • Democracia: un cruce de caminos. Revista Palabra-Clave, 7-18.
  • Chavarría Cedillo, S. (2012). La promoción de la participación ciudadana a través de redes sociales. Pluralidad y Consenso. No 18. , 57-61.
  • García Aretio, L. (2007). ¿Web 2.0 vs Web 1.0? Madrid: BENED.
  • García Sanz, A. (2009). 94 Aplicaciones educativas 2.0. Recuperado el 8 de septiembre de 2013, de http://pedablogia.wordpress.com
  • Lozada, M. (2011). Política en red y democracia virtual: la cuestión de lo público. Cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización 2, 133-146.
  • Martín Serrano, M. (1982). Génesis de la Comunicación. En M. Martin Serrano, J. L. Piñuel, J. García, M. A. Arias, & A. Corazón (Ed.), Teoría de la Comunicación – Epistemología y Análisis de la Referencia (Vol. VIII, págs. 18-56). Madrid: A. Corazón.
  • Restrepo Rivas, L. G. (1999). Las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones en la Empresa. Recuperado el 7 de septiembre de 2013, de http://www.luisguillermo.com
  • Tagua, M. A. (2011). Alfabetización Informacional en el Contexto de la Web 2.0.
  • Argentina: Universidad Nacional de Cuyo.
  • Urrea Cuéllar, J. (21 de 9 de 2012). Ciberciudadanos y ciberpolítica. Recuperado el 8 de septiembre de 2013, de El Tiempo.com: http://www.eltiempo.com/blogs/
  • Vaquerizo, B., Renedo, E., & Valero, M. (2009). Aprendizaje colaborativo en grupo: Herramientas Web 2.0. España.
  • Velasco, J. (8 de 2008). Redes Sociales. Recuperado el 7 de septiembre de 2012, de http://www.ciw.cl
Andrés Esteban Marín
Andrés Esteban Marín
Periodista, especialista en Gerencia de la Comunicación con Sistemas de Información, magíster en Comunicación, maestrando en Ciencia, Tecnología y Sociedad, exárbitro de fútbol, Líder Catalizador de la Innovación y profe universitario.

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