En una de las sesiones de un curso de Administración Deportiva en el que participo como estudiante, el profesor afirmó categóricamente que “la tecnología es incluyente y democrática”. Quise intervenir para discutir esta visión determinista, pero, paradójicamente, el micrófono estaba desactivado y no se permitía la interacción en la sesión virtual. Un momento que, en sí mismo, contradecía el discurso de la inclusión: si la tecnología es realmente incluyente, ¿por qué no me permitía expresarme?
En ese instante, recordé las enseñanzas de mis profesores Hernán Thomas y Lucas Becerra de la Universidad Nacional de Quilmes, Argentina. Desde una perspectiva socio-técnica, ellos me ayudaron a comprender que la tecnología no es neutral ni universal, sino que está atravesada por dinámicas sociales, políticas, económicas y culturales. Bajo esta mirada, la tecnología no es solo artefacto, sino también proceso y organización, lo que implica que estamos rodeados de tecnología en todas sus dimensiones. La ropa, un lápiz y un balón son tecnología.
Brechas digitales y desigualdad
La idea de que la tecnología es incluyente y democrática es, en el mejor de los casos, un ideal. En la realidad, la tecnología también excluye socialmente. Pensemos en el acceso a internet: mientras en las grandes ciudades se cuenta con conexiones de alta velocidad, en la ruralidad es deficiente o incluso inexistente. La brecha digital es una clara ilustración de cómo la tecnología puede generar desigualdad. En términos de educación, el acceso a herramientas digitales varía según el nivel socioeconómico, lo que afecta directamente las oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional.
Además, la tecnología siempre es política. No surge en un vacío, sino en contextos donde las decisiones sobre su diseño, implementación y acceso están mediadas por intereses económicos y gubernamentales. Un ejemplo de esto es el uso de los algoritmos en plataformas digitales. Aunque se presentan como herramientas imparciales, los algoritmos responden a modelos de negocio que priorizan ciertos contenidos sobre otros, afectando lo que vemos y consumimos en línea. En este sentido, la inteligencia artificial y los sistemas de recomendación pueden reforzar sesgos preexistentes, privilegiando ciertas narrativas y excluyendo otras.
Desde una perspectiva crítica, podemos decir que la tecnología, más que solucionar problemas, muchas veces los redefine o genera nuevos. Pongamos por caso el deporte y la actividad física. La incorporación de dispositivos de monitoreo de rendimiento, como los relojes inteligentes o las aplicaciones de entrenamiento, ha revolucionado la manera en que las personas acceden a la información sobre su estado físico. Sin embargo, no todos pueden costear estos dispositivos o tienen las competencias digitales para aprovecharlos. En ese sentido, la promesa de democratización se diluye cuando la exclusión económica y digital impide el acceso equitativo a estos avances.
Repensar la tecnología desde lo social
Entonces, ¿todos podemos acceder a la tecnología? ¿Todos tenemos las mismas oportunidades con su uso? La respuesta es evidente: no. Mientras exista desigualdad en la infraestructura tecnológica, en la formación digital y en el acceso económico a dispositivos y plataformas, la tecnología seguirá siendo una herramienta de exclusión tanto como de inclusión. La clave está en reconocer su dimensión política y en generar estrategias que minimicen estas brechas.
Más que aceptar de manera acrítica que la tecnología es incluyente y democrática, debemos cuestionar y repensar su desarrollo y aplicación. El reto no es solo tecnológico, sino social y político: garantizar que las herramientas digitales realmente estén al servicio de todos y no solo de quienes tienen los privilegios para acceder a ellas.
👏🏽👏🏽👏🏽
El algoritmo sigue «castigando» a las empresas o emprendedores que, más allá de las brechas, no entienden su funcionalidad, lo que aumenta esa exclusión tecnológica en la actualidad.
Gracias por compartirlo, profe.
Desde esta lógica, ¿la escritura ha sido incluyente o excluyente? Poque también se podria decir que si algo es excluyente porque hay que aprender su uso, la escritura es y lo ha sido fuertemente desde siglos contando desde su aparición.