Cuando la comunicación y el deporte abren caminos invisibles

Andrés Esteban Marín-Marín
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#En200Palabras:

A veces uno no comprende el impacto del deporte en todas sus dimensiones, esas que recorren lo cultural, económico, político, comunicativo y educativo. Pero hay un lugar donde el deporte toca más hondo: lo social, lo humano. Eso lo descubrí en Palmira, durante la final de los Juegos Nacionales Intercolegiados 2025, cuando acompañaba a los deportistas antioqueños de lucha olímpica.

El ambiente era de confianza, y mientras esperábamos el inicio de las competencias, les conté cómo, veinte años atrás, había grabado una nota sobre este deporte para un canal de televisión.

En medio del relato, sentí una mirada fija. Era el entrenador de Antioquia, Nicolás Sierra. Se acercó con paso lento, como quien carga un recuerdo antiguo. “Yo estaba allí”, dijo. “Tenía siete años. Me pusieron hacer un ejercicio y lo hice mal. Todos se rieron. Ese día decidí que quería aprender y ser fuerte. Desde entonces no me separé de la lucha”.

Sus palabras me atravesaron. Ver a aquel niño convertido en entrenador, sostenido por una historia que yo había presenciado sin saberlo, me estremeció. “¿Podemos tomarnos una foto?”, me pidió. Y mis ojos se aguaron.

No existen historias pequeñas: la comunicación despierta caminos invisibles, y en cada barrio, calle o vereda surge un relato que transforma.

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Periodista, especialista en Gerencia de la Comunicación con Sistemas de Información, magíster en Comunicación, maestrando en Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina), exárbitro de fútbol, Líder Catalizador de la Innovación Pública y profesor universitario.
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