Un niño, una coneja y un adiós

Andrés Esteban Marín-Marín
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#En200Palabras:

En un pueblo acogedor, un niño inquieto encontraba su mundo secreto entre paredes humildes y el rumor de las montañas. Tenía dos compañeros inseparables: Pepe, un gato curioso de bigotes traviesos, y Azucena, una coneja blanca de ojos rojos que parecía guardar un misterio en la mirada.

Después de la escuela, el niño corría hacia ellos. El patio de su casa se volvía un escenario de aventuras: Pepe jugaba, mientras Azucena, con sorprendente lealtad, seguía cada paso del pequeño. Los fines de semana, en el parque de Fredonia, la coneja corría libre, pero nunca se alejaba. Prefería quedarse a su lado, fiel y luminosa, como una sombra tierna.

El anuncio de la mudanza llegó como un viento frío. La familia se iría a la ciudad y solo uno de los animales podría acompañarlos. Pepe cumplía los requisitos. Azucena debía quedarse. El niño buscó un hogar para ella y creyó hallarlo en un vecino. Pero pronto supo la verdad: no sería compañera, sino alimento. El llanto lo desbordó. No aceptó dinero ni consuelo. Solo guardó en su corazón la certeza de que su vínculo con Azucena había sido eterno.

Esa historia me sucedió realmente y, cuando tenía nueve años, la escribí con palabras sencillas como cuento para un concurso en la escuela. Y fue elegida la mejor historia de todas.

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Periodista, especialista en Gerencia de la Comunicación con Sistemas de Información, magíster en Comunicación, maestrando en Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad Nacional de Quilmes (Argentina), exárbitro de fútbol, Líder Catalizador de la Innovación Pública y profesor universitario.
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