#En200Palabras:

Solo puse la cabeza y el balón se metió, así fue mi primer gol en un campeonato oficial. Creo que, para la fecha, cursaba el primer año de escuela.

Días antes, personas de la alcaldía pasaron por el barrio entregando información para reunir a niños que estuvieran interesados en jugar al fútbol. Lo mismo sucedió en otros rincones de Fredonia.

Acudí a la convocatoria y quedé inscrito en la categoría Los Teteros, propia de mi edad. Por la cantidad de niños que se anotaron, los equipo para el campeonato se conformaron por sorteo.

Artículo relacionado: El día en el que corrí y desafié a los grandes atletas

Para llegar al primer partido, atravesé caminando todo el municipio. La cancha, aledaña al estadio del pueblo, era de barro.

Ese día jugué de ocho clásico, de ese que en el fútbol moderno llaman enganche.

Me dieron muchas patadas. En un encontrón con otro niño, ambos nos desafiamos. Y, sin dudarlo, me le puse firme.

Al ver esto, el árbitro nos separó y nos amonestó. Era mi primera amarilla. Tenía que pagar cinco pesos, eso era lo que costaba.

Cuando anoté el gol, me emocioné tanto que corrí a dedicárselo a mi hermano Juan David, quien estaba escondido detrás de un arbusto. Lo hizo para no intimidarme.