#En200Palabras:

Encontré uno viejos libros. Los abrí para recordar lo que leía en mi adolescencia.

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El virus del futuro tiene el “poder de duplicación, es decir, la capacidad de reproducirse en otros seres parecidos a ellos mismos”, estaba allí en la página 139 de Visado para el futuro. 

El texto de Luis Miravitlles, publicado en 1969, trata del futuro de la humanidad, desde la ciencia, la filosofía y las creencias. También cita un mundo futurista controlado por la inteligencia de las máquinas.

En ese momento recordé aquella lectura. Cuando adolescente, me llamó la atención la manera que el autor describe la ciencia y la religión del futuro. Habla de sus diferencias marcadas.

Para él, la ciencia es conocimiento y la religión es emoción. 

Entonces, ¿la ciencia no es emoción? Fue lo que me pregunté en ese momento. Pues no me quedé con la duda y seguí indagando para tratar de visionar la ciencia del futuro. 

Esa inquietud la aclaré con El significado de la relatividad, de Albert Einstein, al expresar que toda ciencia “consiste en coordinar nuestras experiencias de modo que el todo forme un sistema lógico”.

Claro, en ese instante comprendí que la experiencia son percepciones, vivencias y emociones permanentes.