Democratización de la ciencia y la tecnología: del experimento a la viralización en redes sociales

*CTS – Universidad Nacional de Quilmes, Argentina.

En este texto se tratarán de identificar nuevas dinámicas que se establecen desde la socialización de la ciencia y la tecnología en el contexto actual, a través de las mediaciones de las herramientas digitales. Su uso y apropiación conlleva a la democratización del conocimiento, entendido desde la alfabetización, divulgación y comunicación de los procesos científicos.

Las tendencias del mercado, la evolución del lenguaje, las múltiples pantallas y las diversidades de audiencias son claves para comprender la apertura de la ciencia como oportunidad para la participación ciudadana.

En un primer momento, se detallará el contexto del caso observado. Se trata de un acontecimiento compartido por millones de personas en las redes sociales. Un joven colombiano, aficionado a la astronomía construyó con elementos “caseros” una sonda que logró enviarla a la estratósfera.

Luego, desde el marco conceptual, se referenciarán las definiciones propias de la democratización de la ciencia, sus aplicaciones sociales e implicaciones políticas, al igual que las críticas a la apertura hacia la ciudadanía.

Posteriormente, se harán unas observaciones puntuales del caso tratado con respecto a la conceptualización, para finalizar con las conclusiones que serán útiles para identificar las dinámicas representadas en acceso y apertura de la ciencia.

Marco contextual

Durante la pandemia por el Covid-19, un video se viralizó [1] en diferentes redes sociales, donde un influenciador [2] colombiano compartió imágenes que habría logrado captar desde el espacio. Se trata de Faber Burgos, quien construyó su propia sonda usando un globo de helio, una caja de poliestireno expandido [3], un GPS, una cámara deportiva y un poco de cinta industrial.

El video se publicó en su “canal de Youtube y en su cuenta de Facebook. 24 horas después sumaba 2.9 millones de vistas” (El País, 2020, párr. 1), donde llamó la atención la visualización de una fotografía de su familia y la bandera de Colombia y, al fondo, la curvatura de la Tierra, pero, más que todo, la imponencia del planeta.

Dicho acontecimiento fue registrado como una hazaña por diferentes medios de comunicación en el mundo y por personajes e instituciones destacadas involucradas en los procesos investigativos de astronomía. Teniendo en cuenta que, un mes después, el hecho contrastaba con el lanzamiento del Saocom 1B, satélite argentino puesto en órbita por SpaceX.

Lo que hizo fue pegar con cinta dentro de una caja los dispositivos electrónicos, acomodó la cámara con el fin de que el lente quedara justo en un agujero que sería por donde capturaría las imágenes del video, y empezó a inflar el globo meteorológico de 600 gramos con 1.811 litros de helio. (El Tiempo, 2020, párr. 9)

El lanzamiento se realizó cerca de la Laguna de Tota, ubicada a 3.015 metros sobre el nivel del mar en el departamento de Boyacá, Colombia, en jurisdicción de los municipios de Cuítiva. Al llegar aproximadamente a los 30 kilómetros de altitud y cuando alcanzó su punto límite en la estratósfera explotó.

Artículo relacionado: La agenda de la política científica y tecnológica en Colombia

“Una vez la sonda se precipitaba a la tierra y el paracaídas amortiguaba su golpe, Burgos pudo recibir las coordenadas del GPS instalado en la sonda para poder recogerla en el lugar en el que había caído” (El Tiempo, 2020, párr. 11).

Aunque Burgos estudió Lenguas Modernas y se desempeña como actor, también es aficionado a la astronomía y a la ciencia experimental. En sus redes sociales publica numerosos experimentos, “de hecho, esa es la esencia de su perfil en la plataforma” (El Tiempo, 2020, párr. 5).

Asimismo, Burgos tiene presencia en Spotify e iTunes, donde crea contenidos enfocados a la divulgación de la ciencia.

El proyecto contó con el apoyo financiero personal, familiar y de una empresa privada. “También tuvo que solicitar permiso de la Aeronáutica Civil [4] y dijo que concretó la idea luego de que varios seguidores hicieran sugerencias al respecto” (El País, 2020, párr. 6).

Marco conceptual

Tal vez, la referencia más apropiada para definir el concepto de democratización de la ciencia y la tecnología es la retomada por López (2007), al aludir a la Declaración de Santo Domingo [5], donde se establece, en primera instancia, que se trata de “llevar la ciencia a los ciudadanos, es decir, a la alfabetización científico-tecnológica” (p. 133).

Es la posibilidad para que las personas entiendan la ciencia y la comprendan desde su propio contexto. Que, más allá de los tecnicismos de algunas palabras, cualquiera pueda acceder y tomar elementos que le sirvan para aplicarlos en la cotidianidad.

También, López (2007) hace referencia que dicho concepto trata de “reorientar las políticas públicas de ciencia y tecnología hacia la demanda social, hacia las sensibilidades sociales” (p. 133). Esta segunda definición está relacionada con las oportunidades para que las instituciones comprendan e identifiquen las reales necesidades de los ciudadanos.

Como un tercer acercamiento al concepto de democratización, López (2007) menciona que se trata de “la apertura de las políticas en materia de ciencia y tecnología a las opiniones y participación de los ciudadanos” (p. 133).

Se puede relacionar con las acciones dadas por las personas para que se expresasen libremente, desde sus puntos de vistas y percepciones. La interacción es fundamental para que las audiencias y los actores sean participes de los procesos científicos.

Democratizar en el sentido de abrir a la participación es, se argumenta, el mejor medio para hacer realidad la reclamada reorientación de los esfuerzos en materia de ciencia y tecnología hacia lo que la sociedad está demandando: mejores servicios, atención al medio ambiente, educación pública de calidad, etc., y no sólo hacia la industria militar, la competitividad económica y el mercado. Además, se añade, facilitar y estimular la implicación pública en los asuntos de interés general relacionados con la ciencia y la tecnología es también un excelente mecanismo para propiciar el interés por el conocimiento científico-tecnológico y la apropiación cognitiva del mismo. En síntesis, no hay mejor estímulo para el aprendizaje que sentirse personalmente involucrado. (López, 2007, p. 133)

Por su parte, Pérez (2018) resalta la importancia de la participación vista desde la pluralidad de las perspectivas, las cuales “si son socialmente relevantes, conllevará una mayor democratización de la comunidad científica y una ciencia más objetiva, ya que facilitará el cuestionamiento del trasfondo de valores hegemónicos, marcando su carácter político y parcial y anulando sus idiosincrasias particulares” (p. 140).

La apertura de la ciencia está determinada por las diversas miradas por parte de la ciudadanía, como lo menciona López (2007), desde esta perspectiva es positiva para las cuestiones científicas: el mejoramiento de la imagen y la reputación de las iniciativas investigativas y la creación de “oportunidades de aprendizaje, abrir ventanas para enriquecer los puntos de vista y las fuentes de información que competen a muchos complejos problemas abordados hoy por el conocimiento especializado” (p. 133).

Otra de las razones para hablar de la importancia de la democratización de la ciencia y la tecnología corresponde a ese requisito esencial para un desarrollo inclusivo.

La accesibilidad a los contenidos involucra, como lo manifiesta Casas (2016) al retomar a Arocena y Sutz (2013), un “nuevo enfoque del desarrollo hacia la inclusión social (…) Así, una sociedad inclusiva tendrá como motor principal al conocimiento y la innovación inclusiva” (p. 280).

Sin embargo,

Ni en la academia ni en el ámbito político existen acuerdos sobre cómo está teniendo lugar o debería tener lugar la democratización de la ciencia, en el discurso emergente cada vez es de mayor aceptación, pero también presenta tensiones, en la medida en que se interpreta de diversas maneras. (Arboleda, et al., 2016, p. 342)

Por esta razón, López (2007) expone que existen críticas y diversas percepciones frente a las audiencias que podrían intervenir en la apertura científica, las cuales son materia de interrogantes permanentes a partir de las consideraciones dadas por los límites y las condiciones de participación.

…la pregunta por el público que toma parte, o debe tomar parte, en la participación pública es dependiente de la pregunta previa acerca de por qué debe tener lugar la participación, es decir, de la pregunta por el sentido de la democratización (López, 2007, p. 133)

En consecuencia, existen “voces críticas por parte de las esferas de la política y de la propia ciencia (López, 2007, p. 136), frente a las actuales dinámicas sociales y la participación ciudadana como necesidad.

Un primer y popular argumento hace referencia a la pérdida de eficiencia en el proceso de toma de decisiones (…). Un segundo argumento en contra de la democratización de la ciencia está relacionado con la cooptación. La participación no sólo no asegura un correcto o ni siquiera mejor planteamiento o resolución de muchos problemas sociales relacionados con la aplicación del conocimiento científico o el desarrollo tecnológico. En nuestro actual modelo social neoliberal de democracia pluralista, la participación puede dar lugar a una cooptación que anule la discusión social y el escrutinio público del que son objeto habitualmente las políticas y actuaciones gubernamentales (Todt, 2003). (López, 2007, p. 137)

Por lo tanto, mientras la difusión entre científicos es vista de buena manera (seria) por la sociedad, la divulgación de resultados y la experimentación de forma abierta puede ser cuestionada por los mismos investigadores (vulgar), tal vez por riesgos en las interpretaciones de la ciencia.

Artículo relacionado: Comunicación de la ciencia: desafío social para repensar las formas de producción de conocimiento pospandemia

Sin duda alguna, en el contexto actual, las mediaciones tecnológicas reconfiguran las formas en las cuales el hombre se relaciona con su entorno. Son diversos los actores y lenguajes que participan en el intercambio de ideas y conceptos, los cuales son asumidos como momentos claves para el acceso al conocimiento. Por esta razón, Marín y Palacio (2014) señalan la existencia de un nuevo contrato social en los últimos años, en el cual “se interrelaciona la ciencia, la tecnología y la sociedad como un sistema (democratización de la ciencia y la tecnología) con la participación de los diferentes actores” (p. 8).

Muchas de las expresiones de los nuevos actores son espontáneas, pero cargadas de contenidos valiosos que aportan al análisis constante del reconocimiento social y político. Las tendencias que se establecen a través del uso y de la apropiación de las herramientas, espacios y contenidos digitales posibilitan nuevas dinámicas en la producción del conocimiento.

Dicha evolución parece estar enmarcada por la interacción como elemento articulador, el cual posibilita el intercambio de información de los procesos científicos en nuevos soportes. La integración a la vida cotidiana, a través del uso y apropiación de nuevos canales, plataformas, formatos y pantallas enriquecen los “diálogos plurales y abiertos entre ciencia y sociedad” (Arboleda, et al., 2016, p. 350) y, a su vez, fortalece a los procesos políticos como momentos reflexivos.

En la arena política, así como en la academia, existe escaso acuerdo sobre en qué medida, por qué y cómo la democratización de la ciencia está teniendo lugar o debería tener lugar. Mejores soluciones parecen ser sinónimo de soluciones más eficientes para algunos, mientras que otros entienden que mejores decisiones son aquellas a las que se llega mediante procesos inclusivos y reflexivos. (Arboleda, et al., 2016, p. 357)

Por lo tanto, bajo el nuevo contrato social que constituyen a las nueva audiencias y lenguajes, antes mencionado por Marín y Palacio (2014), “se espera satisfacer algunas necesidades de la sociedad en ámbitos como la salud, la educación, requerimientos del sector productivo del medio ambiente, etc. (p. 8). Y para afrontarlas y tratar de cerrar las brechas, es fundamental contar con voluntad política de cada una de las instituciones públicas, así, como la participación de la ciudadanía.

Observaciones del caso

En un momento donde todas las personas son creadoras de contenidos, los desafíos son permanentes. Por ejemplo, la pandemia por el Covid-19 aceleró el uso y la apropiación de las herramientas virtuales. No solo en el laboratorio tradicional se observa y se experimenta, también se hace desde espacios externos, a veces sin mucho rigor científico, pero creando interacciones con las audiencias. Es decir que, a su vez, son socializados a través de las plataformas digitales.

En el caso del “influenciador” Faber Burgos, su empirismo lleva a que las personas se asombren a través del contenido construido y compartido en la web. Eso no quiere decir que no se haga con rigor, pues utiliza las herramientas de su entorno. La observación es realizada desde las necesidades propias de su cultura, lo que hace que el aporte sea significativo para que se pueda acceder a nuevos conocimientos. El aporte es significativo.

Anteriormente se hablaba del cine y la televisión como pantallas referentes, ahora tenemos diversas posibilidades análogas y digitales para la gestión corporativa. La masificación de la internet, la apropiación de los recursos del teléfono móvil y el uso de la riqueza audiovisual, son ejemplo para la implementación de estrategias de comunicación. (Marín, 2020a, párr. 13)

Lo que hace Burgos es entretener, tal vez, un poco de lo que le hace falta en el momento de divulgación la ciencia. Como lo expresé en otro artículo, cada mensaje emitido debe identificar a las audiencias y hablar con ellas, “lo cual aumenta la posibilidad de establecer confianza para comprender su entorno” (Marín, 2020a, párr. 6).

Igualmente, en las actuales dinámicas, la apertura de la ciencia también debe mirarse desde las tendencias y los consumos en los entornos digitales, asumir que las personas están accediendo de manera fragmentada, personalizada y emocional.

Por su parte, el lenguaje utilizado por Burgos fue cercano y cotidiano. Esto permite comprender los fenómenos de la ciencia sin importar el grado de escolaridad que se tenga.

Por lo tanto, cuando se refiere a la democratización de la ciencia, los mensajes deben estar enfocado en las audiencias, pero las debemos conocer. “No es igual hablarle a un científico experimentado que a un niño. La forma y el lenguaje cambian” (Marín, 2020b, párr. 8).

Conclusiones

  • El desafío radica en comunicar la ciencia por medio de los escenarios más transitados hoy en día, en su mayoría, los establecidos por la digitalización de los procesos, que permiten que las personas se apropien de los contenidos para su uso social y político.
  • Los retos de la ciencia también radican en la alfabetización de los públicos. La sociedad está permeada por un alto volumen de información que circula en los medios digitales, así, como la posibilidad de acceder a contenidos que aporten a la construcción de una ciudadanía crítica.
  • Debe existir voluntades políticas de las instituciones públicas para propiciar espacios de democratización de la ciencia y la tecnología, que sean abiertos y libres. Cuando esto ocurra, podrán ajustarse los procesos para que se construyan políticas públicas que correspondan a las reales necesidades sociales.
  • El lenguaje debe ser cercano y cotidiano. De esa forma las audiencias interesadas en acceder a la ciencia y a la tecnología puedan comprender los conceptos de la menor manera, sin importar el grado de escolaridad.
  • La emoción es la clave para la creación de contenidos en los medios sociales útiles y usables en la ciencia. Esto no quiere decir que se deje a un lado la profundidad de los temas abordados, pero se recomienda que se divulguen los procesos de una manera entretenida, que incentive a las nuevas audiencias y que permita la participación de la ciudadanía.

Citas pié de página

[1] Viralizar, un concepto usado en los últimos tiempos para referise a la publicación de contenido en las redes sociales y su manera exponencial de ser compartida por los usuarios.

[2] En inglés: influencer, que traduce “hombre de influencia” y cuyo concepto es utilizado en marketing de manera popular en el mundo de las redes sociales para referirse a esas personas que tienen la capacidad de influir en diversas temáticas a sus seguidores.

[3] En Argentina se conoce como telgopor y en Colombia como icopor. En otros lugares de América Latina también es llamado unicel, estereofón, tecnopor, plumavit o porespán.

[4] Se trata del organismo estatal colombiano encargado del control y regulación de la aviación civil.

[5] “Documento preparatorio de la cumbre mundial sobre la ciencia de Budapest celebrada en junio de 1999” (López, 2007, p. 133).


Referencias

  • El País. (2020). Una hazaña: joven grabó la Tierra desde el espacio usando un globo con helio y una Go Pro. Obtenido de El País: na hazaña: joven grabó la Tierra desde el espacio usando un globo con helio y una Go Pro
  • El Tiempo. (2020). La hazaña del colombiano que grabó la estratósfera con una GoPro. Obtenido de El Tiempo: La hazaña del colombiano que grabó la estratósfera con una GoPro
  • López, J. (2007). Democracia en la frontera. Revista CTS, 127-142.
  • Pérez, E. (2018). Conocimiento y Educación Superior desde la perspectiva de género: sociología, políticas públicas y epistemología. ArtefaCToS, 121-142.
  • Casas, R. (2016). Retos analíticos de las políticas de ciencia, tecnología e innovación para enfrentar la pobreza en América Latina. En R. Casas, A. Mercado, A. Feld, L. Cruz, P. Kreimer, L. Sanz, . . . P. Fonseca, Mirada iberoamericana a las políticas de ciencia, tecnología e innovación: perspectivas comparadas (págs. 259-295). Buenos Aires: CLACSO.
  • Arboleda, T., Daza-Caicedo, S., Lozano-Borda, M., Parra, M., y Pallone, S. (2016). Políticas de popularización y apropiación de la ciencia y la tecnología en América Latina: entre déficit y democracia. El caso de la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología en Brasil, Chile y Colombia. En R. Casas, A. Mercado, A. Feld, L. Cruz, P. Kreimer, L. Sanz, . . . P. Fonseca, Mirada iberoamericana a las políticas de ciencia, tecnología e innovación: perspectivas comparadas (págs. 339-362). Buenos Aires: CLACSO.
  • Marin, M., & Palacio, M. (2014). Modelos de política para la ciencia, tecnología e innovación y su impacto en la formación en ingenierías: un análisis CTS. Buenos Aires: Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación.
  • Marín, A. E. (2020a). ¿Quiénes son, dónde están y cómo se comportan los clientes en el mundo digital? Obtenido de Centrópolis: ¿Quiénes son, dónde están y cómo se comportan los clientes en el mundo digital?
  • Marín, A. E. (2020b). Criterios de selección de públicos para la divulgación y comunicación de la ciencia. Obtenido de Anesma: Criterios de selección de públicos para la divulgación y comunicación de la ciencia

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí