Comunicación de la ciencia: desafío social para repensar las formas de producción de conocimiento pospandemia

Ciencia, Tecnología y Sociedad.

Las mediaciones tecnológicas reconfiguran las formas en las cuales el hombre se relaciona con su entorno. Las tendencias que se establecen a través del uso y de la apropiación de las herramientas, espacios y contenidos digitales posibilitan nuevas dinámicas en la producción del conocimiento.

No obstante, como lo expresa Knorr-Cetina (2005), “la ciencia ha sido vinculada muchas veces con la posibilidad de una forma especial de discurso, esto es, la comunicación escrita” (p.81). Es la manera como, tradicionalmente, se han divulgado los avances y resultados de las investigaciones.

La difusión puede verse desde las actividades que se realizan entre pares académicos, que comparten información de temas de interés para su discusión y criticidad, “dado que los científicos que trabajan en un problema se relacionan mediante la comunicación, la competencia y la cooperación, y por lo general comparten formaciones, instrumentos y estructuras de intereses similares” (Knorr-Cetina, 2005, p.63).

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Por ejemplo, la documentación de los avances en el desarrollo de una vacuna que combate la transmisión de un virus es compartida a la comunidad científica, a través de las revistas indexadas.

Para Knorr-Cetina (1996), dichos avances “dependen del trabajo de otros científicos en sus propias producciones científicas” (p.2).

Un lenguaje cercano para la participación

El lenguaje es asumido como ese momento clave para el análisis de los discursos y la comunicación es vista como la posibilidad del intercambio de ideas, “dado que una parte importante del material sobre el que se produce la actividad científica de construcción de hechos consiste básicamente en enunciados” (Lamo de Espinosa, González y Torres, 1994).

Por tal motivo, Torres (1994) señala que “las comunicaciones sobre los descubrimientos fenomenológicos y sobre la instrumentación conllevan una discusión interminable sobre la precisión de las mediciones”, una disputa argumentativa a veces interna y cerrada.

Aunque puede ser pública, pero carente de conocimiento general y alfabetización para que las personas sean participes de las discusiones.

Tal vez, un poco lo observado con las pruebas efectuadas en diversos países para hallar un posible tratamiento para los pacientes contagiados con el virus que produce el Covid-19.

En suma, la comunicación y la argumentación son fundamentales para la persuasión de los colegas, para la negociación y aceptación intersubjetiva de los hechos social y lingüísticamente construidos y para la toma de decisiones y la adquisición de credibilidad, lo que aconseja que los procesos de construcción y reificación se estudien dentro de su contexto argumental. (Lamo de Espinosa, González, y Torres, 1994)

De esta misma manera, Shinn (2007) alude a la importancia de establecer una adecuada comunicación entre los investigadores, donde se comenten los hallazgos y las experiencias durante el proceso.

Agrega que, cuando existan dificultades, se debe poner en cocimiento con el propósito “buscar detalles en este análisis y emplear las observaciones imprevistas para ampliar sus conocimientos. Esta situación le brinda nuevas herramientas para la puesta en marcha de otros proyectos” (p.141).

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Compartir los resultados está relacionado con el “concepto institucional de la ciencia como parte del dominio público” (Merton, 1979, p.170), el cual está enlazada con la ciencia moderna, tal y como Salomon (1997) lo expresa al indicar que esto “no ocurrió en un solo día, fue necesario mucho tiempo para que surtiera efecto en el pensamiento de la gente y en las instituciones” (p.2).

El autor también menciona la dificultad durante el génesis de la ciencia experimental, puesto que “la mayoría de los hechos eran todavía tan inciertos que la especulación tuvo su auge” (Salomon, 1997, p.2).

El surgimiento de la ciencia moderna se produce en un marco social determinado, cuyo conocimiento es imprescindible para entender las circunstancias concretas de su laborioso origen en el que cooperan múltiples factores cuyo desentrañamiento compete a historiadores de la ciencia, que han de reunir una buena formación científica general y una visión clara de la evolución de la sociedad. (Cordon, 1982, p.42)

La crítica a la divulgación abierta

Por lo tanto, mientras la difusión entre científicos es vista de buena manera (seria) por la sociedad, la divulgación de resultados de forma abierta puede ser cuestionada por los mismos investigadores (vulgar), tal vez por celos por los reconocimientos, riesgos en las interpretaciones de la ciencia.

Los desafíos son permanentes. Por ejemplo, la pandemia por el Covid-19 aceleró la apropiación de las herramientas virtuales. No solo en el laboratorio tradicional se observa y se experimenta. También se hace desde espacios externos, a veces sin mucho rigor científico, pero creando interacción con las audiencias. Es decir que, a su vez, son socializados con las audiencias a través de las plataformas digitales.

Para Chalmers (1990), “la ciencia, dirán, busca entendimiento. La mejora tecnológica es un subproducto de este entendimiento ampliado.

Tal opinión es ciertamente apropiada en el caso de los filósofos griegos y medievales, muchos de los cuales buscaban entender el mundo…” (p.30). Por lo tanto, se crean nuevas preguntas propias de los cuestionamientos del hombre.

Estos momentos son claves para las formas de producción, enfocadas a los entornos y las alternativas socioculturales, determinadas por “las diferencias en el papel desempeñado por la edad, el sexo y el estatus; en las funciones de la religión, el arte o la guerra; en las tecnologías disponibles” (Feenberg, s.f, p.38).

Por su parte, Shinn (2002) expone que “la sociedad postmoderna se caracteriza por la ‘comunicación reversa’, comunicación desde la sociedad hacia los productores de conocimiento y no al revés” (p.204).

Retos actuales y transformaciones permanentes que están determinadas por la presencia y consumo en múltiples pantallas y relacionamiento con diversas audiencias, con formatos, lenguajes y públicos con necesidades heterogéneas.

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El desafío para los investigadores radica en comunicar la ciencia por medio de los escenarios más transitados hoy en día, en su mayoría, los establecidos por la digitalización de los procesos, que permiten que las personas se apropien de los contenidos para su uso social:

Podemos percibir las posiciones más amplias implícitas en la elección técnica entre la producción basada en líneas de montaje o en equipos de trabajo, las computadoras diseñadas para intensificar el control o para expandir la comunicación, las ciudades construidas en función de los automóviles o del transporte público. La noción instrumentalista de “uso” no se aplica en este nivel, porque el hecho de seguir de manera persistente uno u otro camino técnico define al usuario como un tipo humano. (Feenberg, s.f., p.39)

En un momento cuando las mediaciones a través dispositivos tecnológicos y el relacionamiento con las máquinas es permanente, las necesidades de comunicación se hacen más fuerte, las cuales, como lo indica Bloor (1998):

Ayudan a que los patrones colectivos de pensamiento se mantengan en la psique individual. Tanto como existe la experiencia sensorial individual del mundo natural, también hay algo que apunta más allá de dicha experiencia, que le da un marco de referencia y una significación más amplia, completando el sentido individual de lo que es la realidad general, aquello de lo cual su experiencia es experiencia. (p.8)

Experiencias significativas que se convierten en transmisiones colectivas en la nueva producción de conocimiento, que se desglosa en partes de los acontecimientos, con diversos enfoques y tratados desde múltiples áreas “que se extienden de la educación a la investigación, los negocios, la política y la organización de la democracia contemporánea” (Shinn, 2002, p.208).

Esto conlleva a la discusión de la función social que cumple la comunicación en la ciencia. Feenberg (s.f.) expone que “la tradición humanista funda el derecho de los trabajadores en los avances técnicos que protegen y desarrollan sus habilidades” (p.47).

Hoy la sociedad es guía, lo que permite redefinir “lo que es reconocido como conocimiento” (Shinn, 2002, p.192).

No obstante, conocer los entornos es requisito para la divulgación y comunicación de la ciencia de manera acertada. En la actualidad se deben identificar variables que permitan segmentar cada vez más a los públicos: intereses, procedencias, profesión, oficio, ideologías, formación, conocimiento y necesidades, entre otros.

El contexto también está determinado por los asuntos sociales.

Por tal motivo, los desafíos de la ciencia radican en la alfabetización de los públicos. La sociedad está permeada por un alto volumen de información que circula en los medios digitales.

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Las noticias reales y falsas son compartidas y viralizadas en las redes sociales. La confianza, reputación y verificación científica hace parte de demanda ética, que “se convierte en un código técnico, y lleva a que la cuestión ética se profundice más allá de la superficie en un cierto inconsciente tecnológico” (Feenberg, s.f., p.48).

Referencias

  • Knorr-Cetina, K. (2005). La fabricación del conocimiento. Un ensayo sobre el carácter constructivista y contextual de la ciencia. Ciencia, Tecnología y Sociedad, 109.
  • Knorr-Cetina, K. (1996). ¿Comunidades científicas o arenas transepistémicas de investigación? Una crítica de los modelos cuasi-económicos de la ciencia. Redes, III(7), 129-160.
  • Merton, R. (1979). La estructura precaria: orden y conflicto en la sociedad moderna. México: Edicol.
  • Salomon, J. (1997). La ciencia y la tecnología modernas. En La búsqueda incierta: Ciencia, tecnología y desarrollo. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Cordon, F. (1982). La función de la ciencia en la sociedad. Madrid: Anthropos.
  • Lamo de Espinosa, E., González, J., y Torres, C. (1994). Sociología del conocimiento y de la ciencia. Madrid: Alianza.
  • Torres, C. (1994). Sociología política de la ciencia. Madrid: CIS.
  • Shinn, T. (2007). Jerarquías de investigadores y formas de investigación. Redes, 118-163.
  • Pellegrini, P. A. (2013). Del campo al laboratorio: la institucionalización de la biología molecular en Argentina. Scientiæ Zudia, 531-556.
  • Chalmers, A. (1990). La ciencia y cómo se elabora. Siglo XXI, 29-50.
  • Feenberg, A. (s.f.). Introducción. La variedad de teorías. 21-67.
  • Bloor, D. (1998). Conocimiento e imaginario social.
Andrés Esteban Marín
Andrés Esteban Marín
Periodista, especialista en Gerencia de la Comunicación con Sistemas de Información, magíster en Comunicación, maestrando en Ciencia, Tecnología y Sociedad, exárbitro de fútbol, Líder Catalizador de la Innovación y profe universitario.

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